Política: Noviembre 2007 Archives
Ni original, ni valiente, ni fundacional, ni mucho menos escaso de defectos, hace un par de semanas que el diario El Comercio publicó el artículo El síndrome del perro del hortelano de Alan García Pérez. Como era de esperarse éste ha sucitado muchos comentarios y levantado no poca polémica, además de sucitar una profusión de reacciones dentro y fuera de la blogósfera.
Quizá sea este el mayor mérito del artículo, ya que no su sesudez o minuciosidad: haber generado una discusión, en su mayor parte enriquecedora, en el barrio del hortelano.
Se trata de un texto donde el Presidente de la República pone en blanco y negro su pensamiento. En el que, se puede presumir, expresa la dirección en la que le gustaría dirigir al país.
En tal medida, debo aunarme a quienes reciben con alegría y optimismo ésta, que ojalá sea una señal de la apertura que caracterizará a una nueva etapa de nuestra vida republicana. No ha pasado tanto tiempo desde que las políticas de estado se escudaban en el secreto para esconder la corrupción. No hace falta retroceder hasta la dictadura de Fujimori. Lo vimos en el propio gobierno de Toledo. Y aún ahora quedan no pocos vestigios.
Sin embargo, alegría y optimismo no son apoyo incondicional al gobierno, el cual sólo con sus acciones podrá demostrar si está preparado o incluso dispuesto a llevar al país hacia la apertura, la inclusión y el desarrollo sostenible. Mientras tanto, a juzgar por el mentado artículo, su voluntad es, en el mejor de los casos, tibia o, de plano, errada.
No todas las reacciones han estado a la altura. Resulta de muy mal gusto y sobre todo soprendente, que Sinesio López elija iniciar su argumentación con un insulto, por ejemplo. Iimagino que pensó que era una muestra de su propia "agudeza" aprovechar la analogía que García usó para llamanrlo "perro" de manera semi-velada, pero repetida, al comenzar su artículo del diario la República. Pero más allá de este accidente, que quizá fuera un poco feliz recurso literario para captar la atención, resultan certeras algunas de sus críticas:
El modelo de desarrollo de la oligarquía fue la economía de exportación basada en la explotación de los abundantes, diversos y ricos recursos naturales, extraídos por la mano de obra que no siempre fue asalariada (porque los rentistas utilizaron extensamente el trabajo servil) y que siempre fue barata. ¿Cuál es la diferencia entre el modelo económico oligárquico y el que propone García? En realidad, casi ninguna. Lo que propone García es la profundización del mismo modelo con pocas y superficiales novedades.
El trabajo servil de antes será ahora reemplazado por los services y por los contratos, típicas modalidades de trabajo (que utiliza el capitalismo salvaje para elevar desmesuradamente sus ganancias) contra las cuales insurgió la candidatura de García en el 2001 y en el 2006. La propuesta de García es privatizar los bosques amazónicos, vender las tierras comunales, expropiar a los campesinos y pobladores sus tierras para entregar el subsuelo a las grandes corporaciones extranjeras. García cree que este modelo de desarrollo hará del Perú, sino un paraíso, al menos un país con bienestar, pero que el gobierno aprista y él mismo como presidente no pueden impulsarlo porque tienen la férrea oposición del perro del hortelano.
El artículo de Alan García parece, en principio apropiarse de las ideas que desde hace más de veinte años propone y defiende entre otros su ex representante en EE. UU. Hernando de Soto. Pero tal como hizo con de Soto, usa a estas ideas como tarjeta de presentación tratando de mostrarse progresista y liberal. Pero una vez que se ha servido de ellas, deja de lado su esencia. Acierta en el diagnóstico pero recoge una receta facilistas que resulta además retrógradas.


