Cuarto y mitad

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Un cantante y presunto compositor salsero no se cansa de repetirle a su musa que es su "media mitad".

La mitad de la mitad, que equivale a la cuarta parte. Ha de tener otra que le complete la mitad faltante.

Pero en lugar de sentirse engañados (o engañadas), decenas de miles parecen caer en la trampa.

Mand'inga

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¿El que no tiene de inga tiene de mandinga? Mentira. Y mentira fea, además.

Mentira porque ha dejado de ser, lo que quizás nunca fue: una manera de destacar y apreciar el mestizaje que se da en el Perú. Porque en lugar de ensalzar la belleza de la mezcla, ha devenido en insulto.

Casi puedo ver a la madre de familia, en cualquier otra circunstancia respetable, que cholea a su empleada: "Chola apestosa. Que ¿no se bañan?". Que cholea al cobrador de la combi: "Cholo tenías que ser". Que cholea a escondidas a su jefe explotador: "Así son estos cholos de mierda". Pero que cuando se cruza con uno más blanco que ella, que le recuerda a su vez sus ancestros provincianos y sus rasgos andinos, arruga y se queda callada. Que le cuenta luego indignada a sus amigas que qué se habrá creído ese. Que acaso no sabe que el que no tiene de inga tiene de mandinga. Pero incapaz de verse bella a si misma, lo que en realidad quiere decir es que por si acaso tú eres la misma porquería que yo.

Ya hemos visto esta practica manifestarse anteriormente, aunque en un plano distinto. Cuando quisieron hacernos creer que todos éramos igual de corruptos, y que por lo tanto nadie tenía derecho a juzgar a quienes se enriquecieron aprovechándose del poder, en la época de Fujimori y antes y después. Cuando la frase "lanzar mierda con ventilador" se pone de moda en los diarios. Haciendo inalcanzable para todos el ideal de honestidad.

Por lo menos todos coincidían en que la honestidad era un ideal. Aunque fuera para traérselo al suelo de envidia. Desaparecerlo para que nadie lo tenga si no soy yo.

De la misma manera aquí, todos parecen coincidir en un ideal equivocado y enfermizo. El de la blancura de la piel y la raza aria. De manera tal que al mirarse al espejo y darse cuenta de que no lo tienen se lo reparten como pueden e inmediatamente se lo arranchan todos entre sí. Y están felices mirando para abajo al que le tocó menos que a uno, el pobre. Pero sintiendo a su vez llenos de envida, la mirada superior de aquellos a los que les tocó más.

Es en ese momento que se ponen el traje de la inclusión y la igualdad y esgrimen la frase. Sólo para ensuciar con la propia raza que consideran basura, a la pretendida o real blancura del otro. Por si acaso tú tampoco te salvas, porque de hecho tienes de inga o de mandinga, no te hagas. Estás manchado, igual que yo. Avergüénzate, igual que yo. Porque no eres lo que yo quiero ser. Inmaculado.

¡Mentira! Déjalo en paz ser feliz o no, siendo lo que es o lo que cree ser. Déjalo ser blanco, déjalo ser negro y déjalo ser cholo.

El país de todas las sangres acepta a todas las sangres porque todas las hay. El país de todas las sangres tiene mejores cosas a qué dedicar sus energías que a discernir la pureza entre sus habitantes.

El barrio del hortelano

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Ni original, ni valiente, ni fundacional, ni mucho menos escaso de defectos, hace un par de semanas que el diario El Comercio publicó el artículo El síndrome del perro del hortelano de Alan García Pérez. Como era de esperarse éste ha sucitado muchos comentarios y levantado no poca polémica, además de sucitar una profusión de reacciones dentro y fuera de la blogósfera.

Quizá sea este el mayor mérito del artículo, ya que no su sesudez o minuciosidad: haber generado una discusión, en su mayor parte enriquecedora, en el barrio del hortelano.

Se trata de un texto donde el Presidente de la República pone en blanco y negro su pensamiento. En el que, se puede presumir, expresa la dirección en la que le gustaría dirigir al país.

En tal medida, debo aunarme a quienes reciben con alegría y optimismo ésta, que ojalá sea una señal de la apertura que caracterizará a una nueva etapa de nuestra vida republicana. No ha pasado tanto tiempo desde que las políticas de estado se escudaban en el secreto para esconder la corrupción. No hace falta retroceder hasta la dictadura de Fujimori. Lo vimos en el propio gobierno de Toledo. Y aún ahora quedan no pocos vestigios.

Sin embargo, alegría y optimismo no son apoyo incondicional al gobierno, el cual sólo con sus acciones podrá demostrar si está preparado o incluso dispuesto a llevar al país hacia la apertura, la inclusión y el desarrollo sostenible. Mientras tanto, a juzgar por el mentado artículo, su voluntad es, en el mejor de los casos, tibia o, de plano, errada.

No todas las reacciones han estado a la altura. Resulta de muy mal gusto y sobre todo soprendente, que Sinesio López elija iniciar su argumentación con un insulto, por ejemplo. Iimagino que pensó que era una muestra de su propia "agudeza" aprovechar la analogía que García usó para llamanrlo "perro" de manera semi-velada, pero repetida, al comenzar su artículo del diario la República. Pero más allá de este accidente, que quizá fuera un poco feliz recurso literario para captar la atención, resultan certeras algunas de sus críticas:

El modelo de desarrollo de la oligarquía fue la economía de exportación basada en la explotación de los abundantes, diversos y ricos recursos naturales, extraídos por la mano de obra que no siempre fue asalariada (porque los rentistas utilizaron extensamente el trabajo servil) y que siempre fue barata. ¿Cuál es la diferencia entre el modelo económico oligárquico y el que propone García? En realidad, casi ninguna. Lo que propone García es la profundización del mismo modelo con pocas y superficiales novedades.

El trabajo servil de antes será ahora reemplazado por los services y por los contratos, típicas modalidades de trabajo (que utiliza el capitalismo salvaje para elevar desmesuradamente sus ganancias) contra las cuales insurgió la candidatura de García en el 2001 y en el 2006. La propuesta de García es privatizar los bosques amazónicos, vender las tierras comunales, expropiar a los campesinos y pobladores sus tierras para entregar el subsuelo a las grandes corporaciones extranjeras. García cree que este modelo de desarrollo hará del Perú, sino un paraíso, al menos un país con bienestar, pero que el gobierno aprista y él mismo como presidente no pueden impulsarlo porque tienen la férrea oposición del perro del hortelano.

El artículo de Alan García parece, en principio apropiarse de las ideas que desde hace más de veinte años propone y defiende entre otros su ex representante en EE. UU. Hernando de Soto. Pero tal como hizo con de Soto, usa a estas ideas como tarjeta de presentación tratando de mostrarse progresista y liberal. Pero una vez que se ha servido de ellas, deja de lado su esencia. Acierta en el diagnóstico pero recoge una receta facilistas que resulta además retrógradas.

Marisol Aguirre anunció esta semana, según lo difundió la prensa peruana, que había tomado una decisión definitiva.

Esto podría no pasar de ser una anécdota más entre las muchas que suelta la prensa rosa a diario; de las que quedan en el olvido como noticia vieja apenas Brad o Angelina vuelven a hacer de las suyas.

Pero todo parece indicar que este divorcio quedará marcado como un hito. No sólo es el primer divorcio de famosos peruanos con una amplia cobertura internacional. Sino que también, y más importante todavía: es le primero donde hay verdaderamente importantes intereses económicos involucrados (la fortuna de Meier se calcula en US $ 4 Millones) y es el primero legalmente bien planificado por la ex o sus abogados, osea el primero bien hecho.

No puedo dejar de sentir cierto orgullo ajeno, si algo como eso existe. Pero la seriedad con la que se está llevando el asunto es admirable. Lo cual se debe a la poca intención de causarse daño mutuamente; pero, seguramente también en buena parte, se debe a que ambos están en condiciones de contratar asesoría legal de primer nivel.

Basta ver lo cuidadosas que han sido sus declaraciones con la prensa. Incluso incolucrando al programa de Magaly Medina de manera que la usualmente sensacionalista conductora de televisión, trató el tema con suma delicadeza. Para sus estándares, por lo menos.

Las declaraciones de Marisol Aguirre, en particular, parecen haber sido cuidadosamente elaboradas para ir en consonancia con la que va a ser su estrategia legal en el juzgado de familia. No en vano han habido varios meses de separación antes de que se hiciera público, en los cuales, como las partes lo han aceptado, el proceso ya se había iniciado y sus respectivos abogados ya habían sido convocados.

Como bien lo reportó el diario La República, cuando Marisol dice que a ella y a sus hios nunca les faltó nada y que llevan una buena vida, además de un merecido elogio al padre de familia, está afirmando que exigirá mantener ese estatus de vida para ella y para sus hijos. Cuando Marisol cita haber renunciado a su carrera para acompañar a Christian y dedicarse a sus hijos y a su hogar, al punto que dependía  totalmente de él economicamente, está proporcionando más argumentos para apoyar su posición. Lo que implica una generosa pensión.

Doce años de matrimonio no pasan en vano y tampoco son gratis. En este caso el precio será de por lo menos US $2 Millones más lo que el juez indique que corresponde de pensión.

Y todo bien hecho.

¡Bah! Pues así yo también me quiero divorciar.



Discúlpenme y no me malinterpreten. No es que me disgusten los feriados; me sirven. Tengo bastante que hacer aquí en casa tanto como en la oficina. Y el descanso merecido también se agradece.

Pero no entiendo por qué diablos seguimos celebrando combates, batallas y guerras que perdimos. No tiene ningún sentido.

Pero murieron con la frente en alto habiendo peleado como caballeros, dicen. ¡Y a mi qué coño me importa! Es como celebrar a la selección por perder pero jugando bonito. Oh, esperen. ¿Eso también lo hacemos? Estoy empezando a reconocer un patrón aquí; y uno con círculo vicioso y autodestructivo incorporado.

Al diablo con las batallas perdidas, demagogos, militaristas trasnochados y, lo que es peor, perdedores.

Comencemos mejor a ganar nuestras propias batallas.

¡Ponte a trabajar!

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